Diego Cazabat y Andrea Ojeda con una trayectoria en las artes escénicas de 30 años ininterrumpidos en el país como en el extranjero, junto al grupo Inclaudicables Teatro llevan a escena en el Centro Cultural de la Cooperación una propuesta bellísima, que muestra la codicia como metáfora monstruosa de la enfermedad.
La belleza que se puede apreciar en “La Mesa” recientemente estrenada, no es esa belleza complaciente para apreciar desde lejos, es más bien una belleza perturbadora e incómoda que nos cuestiona, porque no concede distanciamientos al espectador en el momento de abordar con un humor monstruoso el conflicto familiar de una herencia.
“La Mesa, o las formas que toma el amor” es un drama sobre las consecuencias de los modelos conservadores en el seno de la familia. En escena vemos una casa en la que sucede lo que sucede en muchas familias: la discusión de una herencia, el intento de salvarse solo, los maltratos impunes sobre los demás, el deber ser, junto a la imposibilidad de dejar atrás la codicia, la envidia y el resentimiento que ya se han metido en el cuerpo y como parásitos se alimentan de los personajes. En esta obra el pasado es una sombra presente que asfixia a sus personajes y les impide cualquier ilusión de proyectarse a un futuro mejor.
La dramaturgia de Andrea Ojeda en “La mesa, o las formas que toma el amor” le da un hermoso vuelo poético a este drama que por momentos muestra cómo determinadas formas de vivir están condenadas a un destino trágico, como si una maldición fuera el destino inevitable de la codicia. Los diálogos en el texto de Ojeda se entrelazan con la voz de una narradora, que como una demiurga desde el cielo o desde el infierno, advierte sobre la maldición que ha caído en esta familia.
El texto pone la mirada en la relación de una madre con discapacidad que espera que decidirán hacer con ella sus seis hijos. Los hermanos hablan de la madre cómo si no estuviera allí, la niegan como si las personas de avanzada edad no tuvieran el derecho a conservar la dignidad de ser tenidos en cuenta, de preguntarles qué quieren o que desean. Una de las hijas consume drogas psiquiátricas para la depresión y sus hermanos proponen encerrarla en un manicomio, como hizo el difunto padre con la madre en silla de ruedas.

La puesta en escena del texto logra una estética original, algo que pocas veces podemos ver en la cartelera porque muchas veces los teatristas van corriendo detrás del último grito de la moda. Pero en “La mesa”, se puede disfrutar un lenguaje teatral consecuencia de años de colaboracion artística entre Cazabat y Ojeda.
La puesta en escena muestra una primera imagen ni bien comienza la obra: el cadáver del padre sobre una camilla que es una mesa, vestido con traje, en el lugar de su cabeza, hay un nudo de un árbol, le crecen ramas secas de las manos y de los pies. Es el cadáver de un padre, pero también es el cadáver de un monstruo. Hay cajas manchadas por todos lados. Los personajes, sus vestuarios parecen muertos vivientes, llenos de cenizas grises luego del derrumbe de un edificio. Todo parece haberse prendido fuego hace años y nadie ha podido recuperarse ni resucitar de ningún modo.
En la puesta en escena de Diego Cazabat las interpretaciones del elenco logran mostrar algo muy difícil que es la composición de personajes esperpénticos que es un concepto estético que deforma de manera sistemática la realidad de los personajes para acentuar sus rasgos grotescos, absurdos y tragicómicos. Se destaca la labor actoral en este drama poético que no le sobra ni le falta nada.
“La mesa, o las formas que toma el amor” es la oportunidad de ir a ver una propuesta teatral en una hermosa sala teatral del Centro Cultural de la Cooperación, desbordante de poesía que nos recuerda sin pretender aleccionaros a dónde conduce la avaricia, la codicia y el resentimiento.
¿Tan terrible fue lo que vivieron? Marianela los mira. Ninguno mira a la madre, ninguno la escucha. Alguna vez habían sido una familia pero ahora estaban desmembrándose.
Funciones: Jueves a las 20 hs
Dónde: Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543
Entradas haciendo click aqui: $20.000
Duración: 60 minutos
Redes: Click aqui Inclaudicables Teatro

Alan Robinson nació en 1977, en Buenos Aires, Argentina. Egresó como licenciado y profesor de arte dramático. Publicó novela, dramaturgia y ensayos. Enseña literatura, psicología social y finanzas.